Me llama un amigo una mañana y me dice:
— Estás que te sales. ¿Por qué no escribes un artículo este fin de semana?
La verdad es que hace muchos días que no escribo. Y no es por falta de ideas.
Necesito tiempo.
Tiempo de foco.
Tiempo de concentración.
Tiempo para seguir formándome y aprender lo que más me gusta. El desarrollo personal.
También está la búsqueda de mi marca personal. El intento constante de no equivocarme. De no escribir por escribir. Y, a veces, ese intento de hacerlo bien me frena.
Podría decir que es pereza.
Pero no sería del todo cierto.
Porque aquí estoy. Escribiendo. Tal y como me nace.
Empoderarse no es animarse
Hay momentos en la vida en los que necesitas a alguien que te diga lo que tú mismo te niegas a ver.
No es que no lo sepas.
Es que mirarlo de frente duele.
Empoderar no es levantar el ánimo. No es decirte lo bueno que eres. Es darte espacio y permiso.
Es poner luz donde había ruido.
Es dejar de huir.
Elegir implica perder
Crecer no es sumar. Crecer es soltar.
Renunciar a expectativas ajenas. Renunciar a versiones antiguas de ti. Renunciar a sostener lo que ya pesa más de lo que aporta.
Elegir también es renunciar.
Y nadie habla suficiente de esto. Nos han vendido el crecimiento personal como un camino cómodo. No lo es.
A veces crecer es decepcionar.
A veces es quedarte solo.
A veces es dejar de encajar.
Y aun así seguir.
Y ahora te dejo algunas preguntas
- ¿Qué estás sosteniendo hoy que ya no te representa?
- ¿A qué sigues llamando prudencia cuando en realidad es miedo?
- ¿Qué parte de ti sigues minimizando para no incomodar?
- ¿Qué tendrías que soltar para empezar a crecer de verdad?
Quizá no se trata de hacer más. Quizá se trata de soltar.