No hay duda. En los últimos años el sector veterinario goza de una buena salud económica y de crecimiento ascendente, pero mentalmente ¿también es así?
Lamentablemente las noticias no son buenas. En 2019 la OMS (Organización mundial de la salud) estimó que el 15% de los adultos en edad de trabajar tenía un trastorno mental. Cifra que aumentó post COVID-19. Otro dato relevante es que 1 de cada 4 personas adultas atraviesan por alguna afectación psicológica en su vida.
En nuestro sector aun parece más preocupante ya que una encuesta realizada a trabajadores sanitarios en Cataluña, la sensación de agotamiento en el trabajo afecta a un 35,6% de nuestro colectivo veterinario. Así que, hoy en día cuidar y mantener una buena salud mental es una de las prioridades en todos los sectores y especialmente en el sanitario.
Si con todo ello, sumamos que nuestros profesionales del futuro, “la generación de cristal”, son más sensibles emocionalmente, menos tolerantes a la frustración y más inconformistas con los parámetros establecidos tradicionalmente, o ponemos medidas correctivas para generar entornos laborables seguros, o la susceptibilidad e irritabilidad aumentará a medida que las dificultades, las tensiones y las presiones cotidianas a las que nos exponemos diariamente se incrementen.
Ante este panorama, ¿Qué podemos hacer?
Hoy día, los veterinarios nos podemos enfrentar a una variedad de situaciones emocionalmente estresantes como tratar con animales enfermos o heridos, tomar decisiones difíciles sobre la atención y el tratamiento de los animales, o lidiar con dueños angustiados, y en algunas ocasiones, con actitudes agresivas. La seguridad psicológica, podría ser una herramienta importante para mantener un bienestar emocional y, a la postre, brindar una atención adecuada a los animales y a sus tutores.
Como Líderes, gerentes, managers… debemos crear los espacios necesarios para fomentar un ambiente de confianza donde sea posible manifestar todas nuestras inquietudes y expresar nuestros sentimientos, miedos, errores o puntos de vista sobre el desarrollo de nuestra profesión, y también de nuestro bienestar.
¿Qué es la seguridad psicológica?
Amy C. Edmondson, una de las referentes del liderazgo, trabajo en equipo y aprendizaje, y pionera del término “seguridad psicológica”, la describe como un marco en el que las personas están cómodas expresándose y siendo ellas mismas. La percepción de un individuo de no encontrarse en una situación de vulnerabilidad. Esto implica saber que uno no será ni castigado ni humillado por expresar sus ideas, sus pensamientos, sus preguntas o inquietudes, o por alertar sobre errores o disfunciones que observa en su entorno inmediato.
Una cultura que genera seguridad psicológica permite a los empleados participar, expresar sus sentimientos sin tapujos, y tomar riesgos sin miedo al fracaso o a posibles represalias. Esta sensación la podemos generar creando un entorno de trabajo seguro, sano, que promueva la autoconfianza y el bienestar mental de todo el equipo.
Así pues, podríamos definir la seguridad psicológica que son aquellos entornos donde todos los miembros de una clínica son libres de sentir y de hablar de lo que consideren oportuno en todo momento, sin prejuicios ni censuras, donde todas las opiniones y puntos de vista son valorados y respetados. Donde se respira un ambiente laboral de confianza en el cual la discrepancia es analizada y debatida, pero no juzgada o castigada.
¿Por qué carecemos de seguridad psicológica?
Para darle una explicación neurocientífica, un entorno psicológicamente inseguro produce en nuestro cerebro lo que Daniel Goleman, experto en inteligencia emocional, acuñó como “secuestro de la amígdala” (amygdala hijack). La clave de que nos volvamos seres irracionales tiene que ver con la falta de control de nuestros pensamientos debido a que la amígdala asume el mando de nuestro cerebro.
Así pues, cuando estamos “secuestrados emocionalmente” nos sentimos juzgados, atacados o amenazados, tanto por parte de nuestro cliente, como de nuestros compañeros o superiores. En consecuencia, nuestra mente se bloquea y perdemos toda capacidad de pensar y razonar con claridad, y eso tiene un efecto directo con nuestra productividad, efectividad, toma de decisiones, y evidentemente el clima laboral.
Entonces ¿Por qué es importante cuidar la seguridad psicológica?
Los datos demuestran que cuando estamos en un entorno donde se cuida la seguridad psicológica se generan grandes beneficios tanto individualmente como colectivamente:
- Regula y minimizan los niveles de estrés.
- Incrementa el rendimiento y el compromiso.
- Evita el ausentismo y aumenta la retención de talento.
- Genera mayor autoconfianza y eleva la satisfacción en el trabajo.
- Minimiza los episodios incomodos y genera vínculos de mayor calidad.
- Motiva a los empleados y fomenta la colaboración y la armonía entre ellos,
- Mejora la imagen de marca. Los clientes se sienten más cómodos en ambientes seguros.
¿Como lideramos para obtener un entorno psicológicamente seguro?
La mayoría de los modelos de liderazgo y de trabajo en equipo parten de la idea de que la mente es racional. La neurociencia nos demuestra que este hecho no es del todo exacto, ya que buena parte de nuestras decisiones, o lo que es lo mismo, nuestra actividad cerebral se produce de forma inconsciente.
David Rocks, uno de los padres del neuroliderazgo y creador del modelo SCARF, (acrónimo de bufanda en inglés), nos decía que nuestro cerebro siempre está en la búsqueda de la recompensa y en la huida de la amenaza. Para encontrar esa recompensa necesitamos sentirnos protegidos tal y como una bufanda nos resguarda del frio, y así sentirnos seguros en nuestro medio natural.
Los 5 principios del modelo S.C.A.R.F:
- S – Estatus: Tenemos la necesidad de sentirnos importantes, respetados, reconocidos, valorados, tanto para los que ejercemos nuestra profesión, o sea clientes y tutores, como por nuestro entorno más inmediato, nuestros superiores y compañeros.
- C – Certidumbre: Los imprevistos nos genera un desgaste de energía que nos puede conducir a situaciones de estrés irrefrenable. Nuestro cerebro siempre esta en busca de ese camino predecible para tenerlo todo controlado.
- A – Autonomía: El hecho de que debamos cumplir ordenes permanentemente sin poder tomar nuestras propias decisiones mengua nuestra capacidad de pensar y de actuar, por lo tanto, tiene un factor desmotivador que puede llevarnos a la desidia y depresión.
- R – Relaciones sociales: Somos seres gregarios, con lo que conlleva nuestra necesidad de relacionarnos y sentirnos parte de un grupo. Nuestro cerebro buscara esos espacios de seguridad, de confianza en donde nos sintamos aceptados y vinculados.
- F – Justicia: Cuando nos sentimos bien tratados, en las mismas condiciones de igualdad y con un reparto equitativo de nuestras funciones nos sentimos más comprometidos de colaborar con los demás, con lo que fomentamos la corresponsabilidad en el equipo.
¿Cómo podemos cultivar la seguridad psicológica en nuestras clínicas?
La comunicación y las habilidades sociales son la base que se sustenta el buen clima laboral. Es preciso que el líder guie con el ejemplo y sea el impulsor que propicie este buen ambiente de trabajo. Como líderes tenemos la responsabilidad de generar esa bufanda para que nuestro equipo se mueva en un entorno seguro tanto individualmente como colectivamente:
- Genera una cultura donde los valores y los códigos de conducta sean una guía de comportamiento hacia los propios compañeros y clientes.
- Fomenta las relaciones de calidad entre colaboradores y compañeros más allá del ámbito laboral. La convivencia es inevitable, así que proporcionales espacios donde se conozcan y compartan experiencias, vivencias y puntos en común.
- Comunícate bien, con transparencia, asertividad y de forma directa. Evita los espacios de malentendidos, rumores o chismes a las espaldas.
- Promueve la empatía y la compasión. Trata a los demás como te gustaría que tratasen a ti. El reflexionar y preguntar qué puedo hacer por ti, se vuelve reciproco y genera espacios de generosidad y agradecimiento.
- Aprendamos a escucharnos de forma colaborativa. Todas las ideas son bienvenidas y hará que la alineación de ideas cree estrategias más solidas y compartidas por todos, y nuestra experiencia ante cualquier eventualidad mejore.
- Acepta la singularidad de cada miembro del equipo. No todos pensamos igual ni existen dos cerebros iguales, así que acepta las discrepancias y fomenta una buena gestión de conflictos, tanto interno con nuestros compañeros, como externo con nuestros clientes.
- Evitemos esas respuestas automáticas que bloquean la comunicación. Esas palabras o actos que hacemos de forma irracional pero que sin querer nos pueden ofender y hacer sentirnos ridiculizados, avergonzados y que erosionan nuestra relación.
- Sé humilde. No es lo mimo dirigir que mandar. Cuando nos mandan nos sentimos agredidos y amenazados. Cuando nos dirigen nos sentimos guiados y recompensados.
Los lideres que han sabido cultivar esa seguridad psicológica son lideres más accesibles con una mentalidad más abierta, conocedores de la importancia de cuidar las relaciones interpersonales y fomentan el desarrollo y el crecimiento de las personas más allá de lo estrictamente profesional.
¿Qué otras medidas podemos tomar para protegernos?
Ahora que ya sabemos cómo generar un entorno de seguridad psicológica entre nuestros colaboradores, qué más podemos aportar para reconocer y evitar un posible burnout, y garantizar un clima de confianza en la clínica.
- Asegurarnos de que nuestro lugar de trabajo sea acogedor y seguro para todos, evitando situaciones de intimidación, acoso o discriminación por parte del propio equipo o de un cliente.
- Ofrecer vías de comunicación donde los equipos veterinarios puedan hablar o debatir de sus problemas personales o laborables, en un entorno de confidencialidad, sin temor a ser juzgados, donde los supervisores les brinden todo su apoyo.
- Crear horarios favorables. Los veterinarios sentimos la presión de estar disponibles 24/7. Si establecemos unos límites fomentando unos horarios que ayuden a la conciliación laboral y familiar, aportando un tiempo libre de mejor calidad, evitaremos agotamiento y estrés excesivo.
- Apoyo emocional: Los veterinarios también necesitamos esa figura que podemos definirla como el líder emocional. Ese compañero, colega, amigo, mentor que nos muestra siempre ese apoyo emocional que nos ayuda afrontar desafíos y dificultades que nos encontramos en el día a día.
- Practicar la autocompasión: Los veterinarios solemos ser muy críticos con nosotros mismos, y sentirnos culpables y mal cuando algo no ha salido como esperábamos. Tratarnos con amabilidad, cariño y compasión nos ayuda a protegernos de esas críticas, a veces desmesurada, que puedan llegar por parte de nuestros clientes.
- Proporcionar recursos de autocuidado, del manejo del estrés como pueden ser técnicas de relajación, meditación, mindfulness… para mejorar el bienestar emocional.
- Buscar ayuda profesional: Los veterinarios constantemente estamos lidiando con enfermedades y patologías de nuestros pacientes. Eso hace que en muchas ocasiones pequemos de exceso de empatía con nuestros clientes. Un terapeuta que nos ayude o nos proporcione herramientas para mantener nuestra salud mental sana nos mantendrá estables y nos ayudará aun si cabe, a amar más nuestra profesión.
Construir un entorno donde todos nos sintamos seguros psicológicamente no es algo exigido por ley a los lideres, managers o empleadores, pero quienes cultivan ese entorno obtienen grandes beneficios personales y colectivos. No es algo que se construya en un día. Requiere de pequeños pasos. Pero la recompensa es tan grande que vale la pena poner esa primera piedra.
“No vive el que no vive seguro”. (Francisco de Quevedo).